Escribe la palabra que va en el chat.
baja despacio ↓
Cinco tocaron la puerta. Los dejamos pasar, porque tú dijiste que sabías qué hacer con cada uno.
Apilaba monedas en torres, maullando, y les negaba todo a los escarabajos que le pedían: «ayúdameee, préstameee, dameee».
Le dijiste«Voy a juntar mucho. Y lo voy a repartir.»
Se agarraba su propio ojo con coraje y siseaba: «¿Por qué no tengo las pestañas chinas como los chinos de José?»
Le dijiste«Cuando alguien sea mejor que yo, se lo voy a decir en voz alta.»
Un encimoso, un tentón: quería tocar y dar besos todo el tiempo, ¡tooooodo el tiempo!, sin preguntar.
Le dijiste«Voy a querer con las manos que preguntan primero.»
Una montaña de merengue con gomitas que resultó ser un hipopótamo masticando con la boca llena. «Eres un goloso, como yo», te dijo.
Le dijiste«Mi hambre va a ser de vida.»
Intentó saludarte: «J…o…ssss…» — y se quedó dormido antes de terminar tu nombre.
Le dijiste«Tú te quedas. Voy a descansar para poder soñar.»
Los últimos dos no tocaron la puerta.
Ya estaban adentro. Llegaron con nosotros.
Nosotros también llegamos así de nuevos, un día. Estos dos alebrijes nos conocen desde entonces — por eso los reconocimos de inmediato.
Rascaba el piso con una patita, como cuando al toro ya le cayó medio gordo el torero.
Le dijiste«Mi coraje va a ser para lo que sí importa.»
El cuello le creció como a una jirafa, le salieron plumas de pavorreal y se quedó parado derechito, derechito, como una garza.
Le dijiste«Y yo nunca me voy a sentir pequeño.»
Al oírte, los siete cambiaron. Se quedaron a vivir aquí — pero ya no como monstruos de pesadilla. Como alegrijes.
Contesta estas cinco preguntas sobre ti y te decimos cuál es el tuyo. Después le escribes una carta a Luciano. Sus papás, Pato y Diana, la van a guardar y se la van a entregar cuando ellos decidan que es el momento — y ellos sí van a poder leer lo que escribas. Nadie te está calificando.
demo — todavía no se guarda nada · Pato y Diana pueden leer las cartas
Pato y Diana la van a guardar, y se la van a entregar a Luciano cuando ellos decidan que es el momento. Gracias por contarle quién eres — le va a hacer falta saberlo.
Nadie llega solo. Tú llegaste con todos estos.
Los siete ya vinieron. Falta uno, y ese no te lo podemos regalar.
Este marco es de Luciano
Cuando puedas agarrar una crayola, te toca. Mientras tanto lo dejamos vacío, colgado junto a los otros siete, para que nadie se le adelante.
Con mucho amor, tu tío Santiago. Te dejo una frase que me encanta — haz con ella lo que quieras:
«El agua no está mintiendo cuando es hielo en un lugar y vapor en otro.»